Me sorprendo
pidiéndote que hables,
argumentando que
no soporto el silencio,
cuando en realidad
me encanta,
especialmente
cuando estoy sola
y sólo lo perturba
una gota que escapa
del grifo mal cerrado,
el crujido de la vitrocerámica,
el microondas hirviendo un té,
las palabras que no suenan
pero se repiten,
incesantes,
en mi cabeza...
una y otra vez...
una y otra vez...
Entonces sí,
bendito silencio...
domingo, 20 de diciembre de 2009
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