En mis últimas
(y extraordinarias)
veinticuatro
horas libres
ordené las estanterías,
puse una lavadora,
paseé con bufanda
bajo el cielo azul de invierno...
No es mucho tiempo,
pero sí el suficiente
para empezar
un largo proceso
de reconstrucción personal
que no creo necesario,
sino crucial.
Pese a la calefacción encendida
en mi casa diminuta,
tirité de frío,
pero también recibí
una dosis de ánimo
en un abrazo regalado
en la cima del monte que vigila la ciudad.
Estreno otro día
alejada de la vía láctea
leyendo letras de otros
(por suerte estoy siendo fuerte*
y no llegaré a donde no debo)
y escribiendo para
(tratar de)
entenderme...
* eso o que aún tengo miedo...
domingo, 20 de diciembre de 2009
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